en Bahía San Blas
La cabaña 3 del complejo “Guijarros” de “Puerta del Sol” en bahía San Blas, es confortable y luminosa. Desde el umbral de ingreso podemos ver salir el sol sobre el mar y, en el crepúsculo, las primeras estrellas del anochecer, con la luna creciente y el planeta Venus muy cercano y brillante.
En la oficina de informes está la estatua del obispo,
santo y mártir, San Blas protector de las gargantas y patrono de este bellísimo
pueblo de pescadores y sirenas guardianas de valiosos tesoros. La estatua sobre
un pedestal está lista, en una litera, para salir en procesión hacia la iglesia.
La cita es a las 6:30 PM. Después de disfrutar en familia la playa
de arena, regresamos a la cabaña para bañarnos y prepararnos
para la celebración.
Estoy lista para partir, mis acompañantes deciden cruzar a la costanera para pescar desde ahí. Entonces comienza la procesión con la estatua del santo patrono del pueblo sobre una camioneta que circula paso de hombre detrás del autobomba de los bomberos, con la sirena anunciando la caravana, se van sumando más familias en sus vehículos, tocando las bocinas… Acelero el paso hasta llegar al puerto. Observo que, donde termina el pavimento, la camioneta que encabeza la marcha gira y viene de regreso hasta pasar frente a mí.
Pasa también la caravana de autos tocando las bocinas. Camino algunas cuadras más. Frente a la gendarmería hay tres mujeres, dos de ellas uniformadas de policías, les pregunto si conocen el recorrido de la procesión, que evidentemente es motorizada, para llegar a la iglesia, junto con todas las familias. Las policías sugieren que pida a alguien que me lleve en auto. Agradezco y apuro un poco más el paso. A pocos vehículos más atrás del santo observo a dos mujeres y una nena que circulan en un auto oscuro, de cuatro puertas, pregunto si me llevan y, enseguida, frenan para que suba. Me presento, les cuento que soy de Venado Tuerto y que creía que el recorrido era a pie hasta la iglesia. Me explican que lo hacen así porque recorren todo el pueblo hasta llegar al templo y también se presentan: Angie es docente y vive en San Blas, Cris es de Quilmes y están de visita con su marido y su hija.
Suena el celular de Angie, es su compañero de coro que le
avisa que se adelanten a la caravana para recibir al Santo en la iglesia,
cantando junto a los fieles y al sacerdote.
Llegamos a la basílica ingresamos y nos ubicamos para
participar de la celebración. Antes de bendecir las gargantas de los presentes, el sacerdote pregunta de dónde vienen los que están vacacionando y se escucha
en la acústica perfecta del templo: de Bahía Blanca, de Trenque Lauquen, Los Pocitos, Bolivia, Villa María... Mi compañera de banco dice: de Quilmes y yo, de Venado Tuerto, Hurlingham, Capital, Santa Fe, Santiago Del Estero... el sacerdote invita a
toda su grey para que, en este año jubilar, que es posible hacer borrón y cuenta
nueva en la fe, sintonicemos el corazón en el amor de Cristo para con nuestros
hermanos, la familia y el mundo y así empezar a vivir cada uno de los dones que
estamos destinados a dejar en la Tierra…
Pienso en todo lo vivido desde el jubileo del 2000 hasta
hoy: el nacimiento de mis hijos; los cambios laborales; las reformas y mejoras en
nuestro hogar; las nuevas amistades y los amigos que desde siempre están y son
hermandad y refugio, un recuerdo especial para cada uno de quienes ya partieron
y nos esperan del otro lado... me detengo en un recuerdo especial de cada uno de
mis abuelos y abrazo con el corazón una frase que mi papá pronunciaba siempre
en italiano; mi madrina y su jardín de rosas... escucho al sacerdote que nos
exhorta a cantar la canción del jubileo 2025, en la contratapa del cancionero, vuelvo al aquí y ahora.
Mientras cantamos avanza la fila para ser bendecidos uno
por uno, me paro frente al cura, apoya dos velas blancas cruzadas en mi garganta, cierro los ojos, escucho su oración: "San Blas intercede ante todo mal de
garganta en el nombre de Jesús que vive y reina por los siglos de los siglos" abro mis ojos y respondo AMÉN... camino y me detengo frente a la estatua, me
persigno frente a la imagen del santo y agradezco todo lo vivido hasta aquí. Termina la celebración, busco a Angie para agradecerle y despedirme y comienzo a
caminar calle abajo, hacia la costanera, observo el paisaje de una belleza
extraordinaria, tomo algunas fotos con el celular y veo la hora, son las ocho y cuarto.
Siento que llevo media hora de recién nacida a una vida nueva… con medio siglo de memoria y experiencias en este mundo… el viaje sigue, hay mucho por hacer antes de regresar a casa…
¡Gracias Dios!
¡Gracias Vida!
¡Gracias San Blas!
©Alma Zolar